Mostar ciudad de guerra y paz
Entre 1992 y 1995 se desarrolló la terrible Guerra de los Balcanes. Todos los días abrían los informativos con las brutales matanzas que se estaban llevando a cabo en la antigua Yugoslavia. Pero de pronto, apareció un símbolo de la bestialidad que allí estaba ocurriendo: la ciudad de Mostar, o más concretamente su famoso Puente Viejo.
Un impresionante puente de más de veinte metros de altura sobre el río Neretva que los bombardeos acabaron destruyendo. El puente, construido en 1566 acabó destrozado en 1993, para impedir el paso entre la orilla este y oeste, la orilla bosnia y la croata respectivamente.

Evidentemente, lo más grave de aquella guerra no fue la destrucción del puente, ni de más de 5000 edificios en Mostar, sino la muerte de miles de personas, pero aquel atentado al patrimonio histórico de Bosnia-Herzegovina sirvió para llamar la atención.

Hoy, muchos turistas viajan hasta Mostar para conocer su pasado más reciente y apreciar la restauración que ha tenido lugar en la ciudad con ayuda de diferentes organismos internacionales. Casi podría decirse que allí no ocurrió semejante barbarie, porque en la actualidad Mostar recibe a los viajeros mostrándole esplendorosa todo su patrimonio, por supuesto su Puente Viejo, pero también sus mezquitas o sus torreones.

Sin duda, un conjunto de piedra de los más peculiares que se pueden encontrar en Europa, y que milagrosamente hoy se puede visitar.
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